"Si el enemigo es uno mismo..."

El ángel y Balaam. Crónicas de Nuremberg, 1493

Como se dice en las Escrituras solo hay que tener "ojos para ver y oídos para oír" para advertir que vivimos ya en el “reino del Adversario”, que es lo que nos dicen de una u otra manera todos los textos tradicionales que se refieren a nuestros días. Esto ya lo hemos dicho en diversas ocasiones, pero siempre viene bien recordarlo. 

En efecto, a nadie, salvo a los ilusos y despistados, se les escapa que nuestra sociedad ha sido diseñada para oponerse frontalmente a los valores espirituales que antaño otorgaban al ser humano su lugar en el mundo y su verdadera dimensión trascendente. De esos valores se carece hoy en día casi por completo. La frase de Cristo: "quien no está conmigo está contra mí", es la perfecta definición de lo que estamos diciendo, teniendo en cuenta que Cristo no habla en nombre de ninguna religión en concreto, sino como la manifestación del Verbo encarnado, intemporal, y por tanto actual.

Por eso algunos nos resistimos a abandonarnos a este estado de cosas, y desde la perspectiva que nos brindan las ideas que emanan de la doctrina tradicional, y en la medida de nuestras posibilidades, intentamos arrojar algunas claridades sobre temas que nos afectan en estos tiempos de oscuridad y tribulación.

A la ignorancia en todos sus órdenes se la combate con la luz que nos dan esas ideas, o sea con rigor intelectual (que es una forma del amor al Conocimiento), pues esa es la espada de nuestro tiempo. El combate solo puede hacerse desde el plano más alto, con pasión y ardor guerrero si es necesario, pero evitando que se desvirtúe enredándonos en discusiones que siempre acaban en una lucha de egos para demostrar quién posee la verdad, cuando esta no necesita que nadie la defienda, ni mucho menos poseerla, pues es per se, se basta a sí misma y además “siempre vencerá”: Vincit omnia veritas

Por eso, el propio Jesús también señaló que en los tiempos venideros había que estar muy atentos: “Mirad, yo os envío como ovejas en medio de lobos; por tanto, sed astutos como las serpientes e inocentes como las palomas” (Mateo 10:16). ¿Qué quiso decir con esto? 

Astutos porque este tiempo está lleno de trampas, y se ha de ser prudente, que es una de las cuatro virtudes cardinales (junto con la justicia, la fortaleza y la templanza) asociándosela muchas veces con la propia Sabiduría, por eso los textos sapienciales alaban al hombre y la mujer prudentes, y de tanto en tanto hay que recordar esta otra frase del Talmud: "Dichoso aquel que oye un insulto y lo ignora, pues evita un centenar de males".

E “inocentes como palomas” porque en la intimidad del corazón ha nacido la certeza y el reconocimiento de que nuestro verdadero “Reino no es de este mundo” (Juan 18: 36).

El combate decididamente que debe llevarse a cabo es la Gran Guerra que emprendes contra tus enemigos internos, que son los más peligrosos. Pero, las dos “guerras”, la pequeña y la grande se hacen simultáneamente, y de hecho esto es parte del trabajo hermético, ya que los enemigos externos son reflejos de nuestros propios enemigos interiores, que son como las cabezas de la Hidra de Lerna, que es el segundo trabajo de los doce que tiene que realizar Hércules en su camino heroico hacia el Olimpo.

En fin, quisiera terminar con esta cita de Federico González de su libro En el Vientre de la Ballena. Textos Alquímicos (texto 73), que viene como anillo al dedo y que resume todo lo anterior:

“Si el enemigo es uno mismo hay que conocerse perfectamente bien para no dejarse enredar una vez más. Esto es imposible sin la idea de estrategia: vencer a través de la inteligencia aprovechando la fuerza del enemigo. Las artes marciales no proponen otra cosa; la lucha se entabla en tres planos coexistentes y sucesivos. Hay distintas lecturas de ese enfrentamiento. Lo que cada quien obtenga dependerá de la suya y de su entrega al Conocimiento”. Francisco Ariza

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