Cruz de la Camarga. Santas Marías de la Mar. La Provenza. PRIMERO. Desde el origen mismo del Cristianismo se ha identificado la figura de Cristo con la de Melquisedeq, misterioso personaje que aparece en la historia sagrada vinculado con el aspecto más elevado de Dios, El Elyon , "Dios Altísimo". Melquisedeq es "Rey de Justicia y de Paz", títulos que convienen perfectamente a Cristo, que es “Sol de Justicia” pero también “Príncipe de la Paz”. Acerca de Melquisedeq dijo San Pablo que es “sin padre, sin madre, sin genealogía, que no tiene ni comienzo ni fin de su vida, sino que es hecho semejante al Hijo de Dios; este Melquisedeq permanece sacerdote a perpetuidad” (Hebreos 7: 1-28). El conocimiento del vínculo de Melquisedeq con Cristo seguramente le fue dado a conocer a San Pablo por transmisión oral a través de la tradición apostólica, que en sus inicios era totalmente esotérica e iniciática. Por otro lado, nos recuerda René Guénon...
En este grabado perteneciente a la obra Musurgia Universalis (la Música Universal), su autor, el hermetista cristiano Athanasius Kircher (1602-1680), ha querido plasmar el origen celeste de la música y su repercusión en el alma humana, considerada como un instrumento musical que necesita ser afinado -perfeccionado- de acuerdo a las vibraciones armónicas emanadas del diapasón divino. En la cosmovisión de Kircher, y en conformidad con otros maestros herméticos de su tiempo (Robert Fludd, Johann Daniel Mylius, etc.), la articulación armónica de la Música Universal se expresa mediante el canto de los nueve coros angélicos (Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades, Virtudes, Arcángeles y Ángeles) situados en torno al Delta Luminoso, símbolo de la Triunidad ontológica y coronación de toda la obra creacional, al mismo tiempo que “pasaje” a los estados metafísicos y supracósmicos. La misma idea la podemos observar en esta otra imagen más esquemátic...
Los 72 nombres de Dios. Athanasius Kircher, Oedipus Aegyptiacus II. Roma, 1653. La Tradición Hermética nos ofrece muchas veces determinadas pautas para adentrarnos en la simbólica astronómica, que es inseparable de la astrológica hasta el punto de considerar a ambas una sola ciencia que estudia la naturaleza humana en relación con el mapa celeste considerado como un cuerpo animado por las potencias invisibles y espirituales, llámense dioses, ángeles o númenes. Pero ese estudio no sería posible si esas mismas potencias no estuvieran ya presentes en el ser humano, según el principio hermético bien conocido de que: “lo de abajo es igual a lo de arriba, y lo de arriba igual a lo de abajo, para obrar el milagro de una cosa única”. En ese principio se basan también las leyes de las correspondencias y analogías entre los diferentes planos que conforman el Cosmos. Es cuando se olvidó esta ley fundamental que se perdió el carácter sagrado atribuido desde siempre a los cue...
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