Los 72 nombres de Dios. Athanasius Kircher, Oedipus Aegyptiacus II. Roma, 1653. La Tradición Hermética nos ofrece muchas veces determinadas pautas para adentrarnos en la simbólica astronómica, que es inseparable de la astrológica hasta el punto de considerar a ambas una sola ciencia que estudia la naturaleza humana en relación con el mapa celeste considerado como un cuerpo animado por las potencias invisibles y espirituales, llámense dioses, ángeles o númenes. Pero ese estudio no sería posible si esas mismas potencias no estuvieran ya presentes en el ser humano, según el principio hermético bien conocido de que: “lo de abajo es igual a lo de arriba, y lo de arriba igual a lo de abajo, para obrar el milagro de una cosa única”. En ese principio se basan también las leyes de las correspondencias y analogías entre los diferentes planos que conforman el Cosmos. Es cuando se olvidó esta ley fundamental que se perdió el carácter sagrado atribuido desde siempre a los cue...
La Armonía de las Esferas, Practica Musice , de Franchino Gafurius, 1496. Existe una correspondencia entre las nueve jerarquías angélicas (descritas por Dionisio Areopagita, o por Dante en La Divina Comedia) y las Musas, hijas de la Memoria, que son también nueve, como nos indica el grabado de Franchino Gafurius llamado “La Armonía de las Esferas” (1496), con el que acompañamos esta nota. En él podemos observar esas correspondencias entre las Musas, los cielos planetarios y el Firmamento de las Estrellas Fijas. El punto de conexión entre unas y otros son los distintos tonos, semitonos y modos de la escala musical, que los unen entre sí, dando pie a la Armonía de las Esferas. Presidiendo todo el conjunto y en el lugar que correspondería al “Cielo supraceleste” o Empíreo, está Apolo, el “compañero de las Musas”, quien sostiene en su mano izquierda un instrumento musical equivalente a la lira heptacorde, mientras su mano derecha señala a las Tres Gracias, relacionadas con la acción ...
En este grabado perteneciente a la obra Musurgia Universalis (la Música Universal), su autor, el hermetista cristiano Athanasius Kircher (1602-1680), ha querido plasmar el origen celeste de la música y su repercusión en el alma humana, considerada como un instrumento musical que necesita ser afinado -perfeccionado- de acuerdo a las vibraciones armónicas emanadas del diapasón divino. En la cosmovisión de Kircher, y en conformidad con otros maestros herméticos de su tiempo (Robert Fludd, Johann Daniel Mylius, etc.), la articulación armónica de la Música Universal se expresa mediante el canto de los nueve coros angélicos (Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades, Virtudes, Arcángeles y Ángeles) situados en torno al Delta Luminoso, símbolo de la Triunidad ontológica y coronación de toda la obra creacional, al mismo tiempo que “pasaje” a los estados metafísicos y supracósmicos. La misma idea la podemos observar en esta otra imagen más esquemátic...
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