ENSEÑANZA, ENTREGA Y ENTUSIASMO (Una lectura oracular del "Diccionario de Símbolos" de Federico González)

William Blake. "Jerusalem", 1804-1820.

En este escrito sigo la sugerencia que Federico González hace en la Introducción a su Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, en el sentido de que este puede consultarse también como un oráculo. Así lo hago, y aparece al azar la palabra ENTREGA donde leo:

"Símbolo del alma raptada por la Inteligencia Divina. Por extensión todas las innumerables formas posibles de entrega. También la llamada entrega del alma a Dios no por vía de aspiración directa sino dentro de un orden y una doctrina, es decir, por medio de los ritos permanentes a los que nos vemos sometidos para aspirar al amparo y la custodia de los dioses".

Estas palabras alumbradoras están ilustradas con una imagen de William Blake por título "Jerusalem" (ver arriba), donde aparece la Deidad abrazando al alma entre llamas de fuego, o sea uniéndose íntimamente a ella, pues esto es lo que sucede en el cielo de los serafines, donde los seres están en la más alta intimidad con el Ser, de tal forma que se puede hablar de un identidad plena del alma con el Espíritu. Y lo que es sorprendente y maravilloso por lo mucho que nos sugiere es que esta palabra, ENTREGA, está enmarcada en el Diccionario entre ls entradas ENSEÑANZA y ENTUSIASMO. En ENSEÑANZA podemos leer:

"Necesidad de recibir, aceptar y devolver aquello que sabemos, que nos ha sido enseñado. La enseñanza de los símbolos, la simbólica, también debe aprenderse puesto que el símbolo tradicional debe ser enseñado para que lleguen a efectivizarse algunas de las potencialidades que lleva en sí mismo y fecunde la vida de los aprendices gracias a lo recibido. Enseñar es también aprender. Y cuando se dice enseñar no se habla de una enciclopedia de datos y referencias, sino de aquello que se expresa en el lenguaje musical, la poesía y las artes y ciencias tradicionales, o sea: la Doctrina".

Elías Ashmole. Theatrum Chemicum Britannicum, 1652.

Estas palabras van ilustradas con un grabado del Theatrum Chemicum Britannicum, del hermetista y masón Elías Ashmole (ver arriba), inspirado en el versículo del Apocalipsis (10, 9-11), donde precisamente Juan Evangelista “come” el libro que le ofrece el ángel, sobre cuya cabeza está “el arco iris, y su rostro era como el sol, y sus piernas como columnas de fuego”, según se dice en dicho versículo. 


Alberto Durero. Xilografía de la serie Apocalipsis, 1496-1498.

También leemos la expresión “toma y cómelo”, que se refiere claramente a la idea de trasmisión y recepción, respectivamente, lo cual define a la Tradición como tal, pues no puede haber transmisión sin recepción y posterior “asimilación” de lo que se recibe, que son ideas y principios universales, los cuales han de ser a su vez "entregados" para perpetuar la cadena de transmisión del Conocimiento.

Si el cuerpo físico asimila los alimentos que lo nutren para vivir, el alma necesita de esas ideas y principios para vivir igualmente, pero esa “vida” no estará ya ligada al cuerpo, pues no se trata aquí del “alma vegetativa” sino del alma que es una con el Mundo Inteligible. Por consiguiente el libro que “come” el Evangelista no es otro que el Libro de la Vida (el Liber Vitae), análogo al Árbol de la Vida cabalístico, compuesto de números y nombres divinos. Pero el Libro de la Vida es también la encarnación del Verbo, de la Palabra, del Logos, y las letras, nombres y números de que está compuesto son entonces los arquetipos de todos los seres creados, o sea del Universo entero en sus diferentes planos y niveles de manifestación.

Y después Federico nos hace partícipes del siguiente fragmento del Corpus Hermeticum ("Discurso de Hermes a su hijo Tat"), que en verdad es un canto a la Unidad divina:

"¿Cómo te cantaría? Porque no puede concebirse estación ni tiempo que te conciernan. ¿Y por qué te cantaría? ¿Por las cosas que has creado o por aquéllas que no has creado? ¿Por las que has hecho aparecer o por las que has ocultado? ¿Y en razón de qué te cantaría? ¿Cómo perteneciéndome a mí mismo? ¿Cómo teniendo algo propio? ¿Cómo siendo otro que tú? Porque tú eres todo lo que soy, tú eres todo lo que hago, tú eres todo lo que digo. Porque tú eres todo, y no existe nada más que tú: incluso aquello que no existe, tú también lo eres. Tú eres todo lo que ha venido al ser y todo lo que no ha venido al ser, eres pensamiento en tanto que pensante, Padre, porque modelas el universo, Dios, en tanto que energía en acto, bueno, porque creas todas las cosas".

Y en la entrada ENTUSIASMO se recoge la siguiente explicación del Diccionario de la Lengua Catalana: “Exaltación del alma bajo la inspiración divina”.

Y también del Diccionario de la Real Academia Española:

"3. Furor o arrobamiento de las sibilas al dar sus oráculos.

4. Inspiración divina de los profetas.

5. Inspiración fogosa y arrebatada del escritor o del artista, y especialmente del poeta".

Y a continuación vienen las siguientes palabras de Federico acerca del "entusiasmo" vivido por el buscador de la Sabiduría:

"Es, por lo tanto, una poesis equiparada al furor platónico, es decir, al furor divino, tan bien estudiado por Marsilio Ficino en el Renacimiento en una obra llamada De amore y otra precisamente Sobre el furor divino".

El oráculo siempre responde. El amor (la Entrega) y el furor (el Entusiasmo) son armas de la transmutación y la realización intelectual-espiritual, o sea la vivificación de la Enseñanza y su transmisión, incluso hoy en día. ¿Y no es acaso este torrente luminoso de ideas fecundantes emanadas del Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos expresión de esa misma Enseñanza que puede ser actualizada y encarnada en cada uno de nosotros? Francisco Ariza


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