ATENEA Y HEFESTO. Mitos de la Grecia Arcaica (Segundo Episodio)



Nacimiento de Atenea. Cerámica griega, siglo VI a.C.

En la imagen puede verse cómo Hefesto, el dios herrero dominador del fuego y forjador de las armas de los héroes, abre la cabeza de Zeus con el hacha de doble filo, o hacha bípeda, con el fin de que Atenea pueda “salir” de su cuerpo, en el que ha acabado de gestarse y crecer, como ya se dijo en el episodio anterior. Se trata de una apertura craneal producida por un arma axial que señala de manera muy sutil el origen hiperbóreo de este mito. El hacha se ha identificado igualmente con el poder del “rayo” divino (el que porta igualmente Zeus en su mano izquierda), gracias al cual Atenea puede nacer en el “mundo del hombre”, y con ella las artes y ciencias que traerán la cultura y la civilización, en este caso la que se desarrolló en la antigua Hélade.
No olvidemos, en este sentido, que la madre de Atenea, Metis, además de una diosa de la tierra nutricia, es también la potencia creadora del propio Zeus, es decir su sakti, dicho en términos hindúes. Así lo sugiere Hesíodo en su Teogonía cuando afirma que Metis fue la primera esposa de Zeus, que con ella tiene una larga descendencia de dioses y diosas. Atenea, la de ojos penetrantes, tiene de su padre el “coraje y la sabiduría”, y también es heredera de sus atributos creadores.
Estamos, en efecto, ante un mito teogónico que encierra una enseñanza fundamental: que el origen de esas artes han sido “gestadas” en el Mundo Inteligible, y por tanto son un don que los dioses han otorgado a los hombres para hacer de la tierra un lugar semejante al orden celeste.
En el Mundo Inteligible están los modelos ideales a los que Hefesto, el Artesano divino, e inspirado por Atenea, dará “forma”. Esos modelos serán imitados por el artista o artesano humano, que realiza en sí mismo una síntesis totalizadora donde se conjuga la “imagen interior” concebida en su espíritu y la forma material que ella toma para ser realizada y comprendida. Esta es la “alianza” entre Atenea y Hefesto (la Minerva y el Vulcano romanos), es decir entre la sabiduría de una ciencia de origen divino y la “técnica” o el arte que permite “revelarla” a los hombres, manifestándola en todo su esplendor, belleza e inteligencia. Francisco Ariza



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