"El Ritmo Secreto del Cosmos"

 

"El Bardo", de John Martin (s. XVIII-XIX).

En la Antigüedad, que no hay que confundir solo con el “pasado”, no se hacía ninguna distinción entre los sabios, los poetas, los vates o los bardos. Todos ellos formaban parte de la “cadena áurea”, y fuese cual fuese la cultura o civilización a la que pertenecieran daban testimonio de una Sabiduría viva y actuante. En la India, por ejemplo, los rishis eran los sabios míticos que han existido a lo largo de todas las épocas, siendo considerados también como poetas que recibían, por inspiración o revelación directa, la Ciencia Sagrada contenida en el Veda Eterno, transmitiéndola de un ciclo a otro con el fin de que toda esa sabiduría no se perdiera definitivamente para los seres humanos. Ellos “oían” el Verbo resonar en su interior como un ritmo o cadencia musical que encuentra en la palabra y posteriormente en la escritura su vehículo transmisor, conformando así los textos sagrados, así como los símbolos cosmogónicos y metafísicos con que se revisten las ideas manifestadas en ellos y a través de ellos. [1] 

A esa "inspiración" se la denomina shruti, que significa “lo oído”, o “audición”, pero no la que se escucha por el oído externo (lo que procede de “fuera”), sino la que se “oye” a través del “oído interno”, que es el órgano de percepción de la intuición intelectual, si así pudiera decirse. 

Por su parte la smriti, significa “lo recordado”, y es el resultado de la reflexión que se hace de esos mismos textos, es decir su interpretación o hermenéutica (por ejemplo los Upanishads, fruto del estudio de los cuatro Vedas), y tiene que ver con la memoria como la facultad sutil que retiene lo comprendido. 

Otro tanto podríamos decir de los bardos celtas, que tenían una memoria prodigiosa. La palabra 'bardo' significa "elevar la voz", expresión que evidentemente tiene diversos sentidos. Ellos eran educados en las universidades druidas para constituirse en los herederos y transmisores del saber de su Tradición mediante el “arte de la palabra”, con la indudable potencia fecundadora del espíritu presente en el verbo humano, hecho a imagen y semejanza del Verbo divino.

Por eso la poiesis ("creación") es el “lenguaje de los pájaros”, o sea de los ángeles (nuestros estados superiores), y es una forma de denominar a la lengua hablada en el Paraíso, en el “Jardín secreto del alma”. La “lengua de oc” de los trovadores y vates medievales es un recuerdo de esa lengua primigenia, y así denominan ciertos investigadores de nuestro tiempo al “lenguaje de los símbolos”, que nos comunican con las corrientes profundas de las esencias y las ideas que dan forma al mundo y nutren nuestro espíritu.

Hay por tanto una ligazón sutil, pero jerarquizada, entre lo “oído internamente”, o sea lo que se comprende de manera inmediata y directa, y lo que resulta de la reflexión de esa comprensión, y que puede ser expresado indistintamente por el habla o la escritura que como memoria que también es queda fijada en el alma, como si esta fuese una tablilla de cera donde el soplo del Espíritu traza su indeleble grafía.

Ehecacózcatl o “joyel del viento”. Cultura Huasteca, golfo de México.

Hay ciertos animales marinos, como las caracolas, cuya morfología está diseñada de tal modo que son capaces de recoger el elemento sonoro, o sea que son sus recipientes, y por eso han sido tomados en muchas culturas como el símbolo del Verbo, del Sonido primordial. Y no deja de ser sorprendente que la constitución en espiral de estos moluscos evoque la forma de la oreja humana, diseñada igualmente para recibir el sonido. Recordemos que la espiral es el desarrollo evolutivo del círculo, o sea que se abre a otros “espacios” y “tiempos” del ámbito sutil, en los que desde luego la memoria desempeña un papel fundamental porque como decía Platón hablando de la anamnesis conocer es recordar”.

No en vano la caracola era uno de los atributos principales del dios Quetzalcóatl, que aparece muchas veces con un caracol cortado en su pecho, y que se encarnó en reyes y sabios civilizadores de toda Mesoamérica. Quetzalcóatl tiene sus paredros en otras tradiciones, como el Thot egipcio y el Hermes griego, y también el Hermes Trismegisto, del que nace la Tradición Hermética. Todas estas deidades representan a las “entidades del mundo intermediario” que otorgan a los hombres la palabra, pero también la escritura y los códigos simbólicos que permiten reproducir las emanaciones del Verbo Eterno recibidas en nuestro interior. Francisco Ariza

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[1] Esto nos hace recordar lo que dice Federico González acerca de la poesía como “la cadencia y el ritmo secreto del cosmos”, y al mismo tiempo como “una entidad del mundo intermediario”, hasta el punto de que “hay culturas para las cuales la poesía es análoga a la profecía y los poetas a los profetas” (Poesía).


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