CEUTA, LA "SEPTEM FRATES" ROMANA, EN EL MITO DE OCCIDENTE. Francisco Ariza

Ceuta en la segunda mitad del siglo XVI (Civitates Orbis Terrarum)

 

Con motivo de la festividad de la Virgen de África, patrona de Ceuta, queremos decir algunas palabras acerca de esta ciudad, una de las más antiguas de España, pues su origen histórico es fenicio, como ocurre con otras ciudades de la península, si bien es con Roma cuando adquiere una relevancia debido a su situación estratégica en el Estrecho de Gibraltar, entre el Atlántico y el Mediterráneo, o sea entre esos “dos mundos” que serán solo uno culturalmente hablando durante el tiempo regido por la civilización romana. Con Roma, Ceuta vivirá un período de esplendor durante cuatro siglos, tras los cuales quedará ligará a las vicisitudes históricas vividas por España, pasando a ser dominio visigodo y bizantino (cristiano), posteriormente musulmán y, ya en el siglo XIV, de nuevo cristiano bajo la Corona de Castilla, aunque fue también portuguesa durante un breve período de tiempo con Enrique el Navegante (Gran Maestre de la Orden de Cristo), para ser definitivamente española en el siglo XVI bajo el reinado de Felipe II.


Nuestra Señora de África, patrona de Ceuta


Pero Ceuta no solo está signada por su historia sino también por su geografía, la cual es inseparable de la cosmografía, la "grafía del cielo", con sus constelaciones estelares, zodiacales y demás cuerpos planetarios y luminosos. Tenemos un ejemplo de esa relación entre la geografía, la historia y la cosmografía en el nombre romano de Ceuta, Septem Frates, o sea “Siete Hermanos”, que hacen referencia a las siete colinas que eran visibles en Ceuta antes de que desaparecieran en el XVIII debido al nivelamiento del terreno para la edificación de la ciudad moderna. Los romanos, que habían dado a la región donde estaba Ceuta el nombre de Mauretania Tingitana (por tener su centro principal en Tánger) o Hispania Transfretana (o sea la "Hispania Más allá del Estrecho”), vieron en esas colinas una semejanza con las famosas siete colinas de Roma, pero con la diferencia de que las de Ceuta tenían un tamaño y una forma muy parecidas entre sí, de ahí lo de "hermanos".

 

Pero los “Siete Hermanos” podían haberse llamado perfectamente las “Siete Hermanas”, teniendo en cuenta que se trataba de colinas y no de montes. Entonces, y debido a esas correspondencias entre la cosmografía y la geografía, esas "Siete Hermanas" serían un reflejo en la Tierra de las Pléyades, también formada por siete estrellas y llamadas así, las "Siete Hermanas", por muchísimos otros pueblos. Ellas están integradas en la constelación zodiacal de Tauro, y tenían una particular importancia entre las culturas mesoamericanas por estar sus ciclos ligados a los períodos de renovación de dichas culturas. En la mitología griega las Pléyades eran hijas del titán Atlas y la oceánida Pléyone, de ahí que fueran llamadas también las “Atlántidas”, señalando así un vínculo con la civilización atlante, recordada ampliamente por Platón en su obras Critias y Timeo. Atlántida, la isla-continente en medio del Océano al que da nombre.


Mapa de la Atlántida, de Athanasius Kircher. "Mundus Subterraneus" 1665-1668. Fijémonos que América queda a la derecha y África y Europa a la izquierda.


Creemos que no estamos muy desencaminados al establecer esas correspondencias entre las siete colinas de Ceuta y las siete estrellas de las Pléyades teniendo en cuenta el contexto en que nos encontramos, en donde las referencias a Atlas y su descendencia marcan una geografía mítica en el entorno del Estrecho de Gibraltar, además de dar nombre a la gran cordillera del Atlas, una parte de la cual pertenecía a la provincia romana de la Hispania Transfretana.



En efecto, el titán Atlas (que da nombre a esa cordillera) es también el padre de las Hespérides, y por tanto ellas serían hermanas de las Pléyades. Los griegos relacionaban la palabra Hespéride (de Hesper o Véspero, el Atardecer) con Hesperia, identificada por los poetas latinos con Hispania, pero no etimológicamente sino como referencia geográfica común: la tierra del atardecer, el Extremo Occidente. Las Hespérides eran las ninfas que cuidaban el “Jardín de la Hespérides”, donde se encuentra del Árbol de las manzanas de oro protegido por el dragón telúrico, y al que los héroes debían vencer para conseguir esos frutos áureos que otorgan “la inmortalidad”, como fue el caso de Hércules, precisamente el mítico fundador de Tánger, Ceuta y otras muchas ciudades peninsulares, como Cádiz, La Coruña, Toledo, Barcelona, etc.

 

En efecto, según los geógrafos, historiadores y mitógrafos greco-romanos el Jardín de las Hespérides se situaba en el Extremo Occidente, ya fuese en el Tartesos hispano o en la Mauretania Tingitana, pero en cualquier caso “más allá” de las columnas de Hércules, una en el lado africano (el monte Abyla, muy cerca de Ceuta), y la otra en el lado europeo (el monte Calpe, que pasará a ser el Peñón de Gibraltar), presagiando así otras tierras o ínsulas que de algún modo ya estaban contenidas en el nombre de las Hespérides, que significa tanto “las verpertinas” como  “las occidentales”, o sea las “ninfas del atardecer”. 


Esto es lo que indica precisamente el nombre de una de ellas, Hesperetusa, siendo las otras dos Eritea y Egle. Además, Eritia, o Eriteia (llamada "la isla del crepúsculo vespertino"), era una de las islas Gadeiras, la que daría nombre a la actual Cádiz. Eriteia también se denominaba la hija de Gerión, uno de los reyes de la dinastía divina de Tartesos, herederos de los atlantes que durante la expansión de su civilización en dirección a Europa y África, se instalaron en esta zona atlántico-mediterránea, como de hecho también se instalaron en Mesoamérica durante su expansión hacia lo que se llamaría el continente Americano. Por eso, el recuerdo de la Atlántida se mantendría vivo entre sus lejanos descendientes no solo de Europa y África del Norte, sino también de América central.

 

Que estos mitos fundadores hayan tenido lugar en lo que fue Tartesos y la región Tingitana nos permite ver en esta zona geográfica un alto valor simbólico al situar a la Península Ibérica y la que fue llamada en algún momento la Hispania Transfretana, y con ella a Ceuta, dentro de los grandes relatos míticos e históricos de la cultura de Occidente. Francisco Ariza


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