LOS MAESTROS COMACINOS ENTRE LAS CORRIENTES DEL ARTE REAL. Francisco Ariza
Los Maestros Comacinos eran los herederos directos de los Collegia Fabrorum o Colegios Artesanales de la antigua Roma. A ellos aluden de forma velada los manuscritos de los Old Charges (Antiguos Deberes) cuando mencionan a un tal Peter Gower como el que introdujo en distintos países europeos los conocimientos relativos a la construcción. Algunos autores, entre ellos René Guénon, afirman que ese personaje no era sino el propio Pitágoras, es decir las ciencias del Número y la Geometría aplicadas al Arte constructivo, el que los Collegia se encargarían de plasmar en numerosas edificaciones a lo largo y ancho de todo el continente, incluida Inglaterra. Esto fue así hasta que las invasiones de las tribus germánicas entre los siglos V y VI pusieron fin al Imperio Romano de Occidente.
Sin embargo, un reducto de los Collegia buscó refugio en Comacina, una pequeña isla fortificada del lago de Como, situado en el norte de Italia. De ahí procederá el nombre de Maestros Comacinos, quienes aparecen efectivamente como los herederos de los Collegia Fabrorum, siendo el “eslabón” que conecta a estos con los constructores medievales.[1]
En los Collegia la influencia de las escuelas pitagóricas era notoria desde antiguo en la Magna Grecia, al sur de Italia. Recordemos que dichas escuelas se “hermanaron” con los Collegia, y prueba de ello son los símbolos pitagóricos que estos adoptaron y con los que poseerían los “secretos del arte”: la Estrella pentagramática, la escuadra (incluida también la escuadra de brazos desiguales con la que se traza el triángulo rectángulo de proporciones 3-4-5, tan importante en la construcción), el compás, el nivel, la plomada, la regla, etc., tal y como aparece en la imagen siguiente.
El compás y la rosa de los Maestros Comacinos en el
emblema de los arquitectos de España
“Nudo de Salomón”, uno de los símbolos de los Maestros
Comacinos
Puerta del León, donde se puede apreciar en la columna doble un nudo
que evoca el de Salomón. Catedral de San Vigilio, Trento, Italia
Por todo esto, es muy probable que quienes trasmitieron una parte esencial de las “Leyendas del Oficio” recogidas en los Old Charges no fueron otros que los Maestros Comacinos, que precisamente llegaron a Inglaterra en el siglo VI, tres siglos antes de construir la basílica Palatina de Aix-la-Chapelle, o Aquisgrán, para el emperador Carlomagno, en la que también intervinieron constructores venidos de Bizancio, especialmente los artesanos del mosaico.
A Inglaterra acudieron los Comacinos a la llamada del arzobispo Wilfredo de York y del Abad de Warmouth para construir “a la manera romana”.[5] Con ellos venía el monje benedictino Agustín, que pasará a ser conocido posteriormente como el obispo Agustín de Canterbury.[6] Hay que tener en cuenta también, y para completar estos vínculos entre las diferentes corrientes del Arte Real, que al mismo tiempo que los Comacinos, a Inglaterra llegaron los monjes constructores venidos de Irlanda pertenecientes a la Iglesia culdea, o Iglesia celta, una síntesis genuina de la sabiduría druida y cristiana que se dio en las Islas Británicas, y que tan importante sería para el desarrollo posterior de la Masonería medieval.
Los Maestros Comacinos, en comunión con los monjes arquitectos comenzaron a edificar las numerosas iglesias, abadías y santuarios por toda la geografía británica. Una de esas abadías fue la de Glastonbury que se construyó precisamente en el siglo VII en el mismo emplazamiento que la iglesia primitiva consagrada a Santa María, que fue la primera edificación, en madera, de la Iglesia Culdea, o Iglesia Celta. [7]
En una ciudad inglesa precisamente, York, se redactó el año 926 la primera Constitución Masónica a instancias del príncipe Edwin, “que amaba mucho a los masones”, y cuyo padre, el rey Athelstan, fue el primero que gobernó en toda Inglaterra, lo cual nos indica que el momento histórico era propicio para “reunir” (como se hizo en su tiempo entre los que edificaron la Torre de Babel y el Templo de Salomón) a todas las agrupaciones de constructores esparcidas por la geografía inglesa en una sola entidad, cuyos miembros pasarán a llamarse a partir de entonces los Free-masons, los "Constructores libres”. En efecto, la Constitución de York es considerada la Carta fundacional de la Masonería, heredera de un legado inmemorial (histórico y legendario) recogido en los Old Charges, los “Antiguos Deberes”. En el frontispicio de esa Carta podemos leer la siguiente invocación:
“Que el Soberano Poder del Dios eterno, Padre y Creador del Cielo y de la Tierra, la Sabiduría de su Verbo y su influencia, sean con nuestra empresa, y nos haga la gracia de conducirnos de modo que merezcan su aprobación en esta vida y obtendremos después de nuestra muerte la vida eterna”.
[1] Otras investigaciones hacen derivar la palabra comacino de com-macini: es decir, de los maestros cum mako, cum machina o cum macina. A este respecto, Javier Alvarado en su Heráldica, simbolismo y usos tradicionales de las corporaciones de Oficio; las Marcas de Canteros, señala que la palabra mako, procedente del antiguo verbo de origen germánico (franco) makon (alemán Mahen), significa ‘construir’ y del que deriva la palabra makjo, que será incorporada al latín como macione. Así, San Isidoro de Sevilla menciona a los maciones o machiones como constructores de paredes, equivalentes a los muratores o murarii romanos. Poco tiempo después, la palabra macion derivará en maçon.
[2] Dicha
cristianización nutrió también una leyenda masónica recogida en los Old Charges, concretamente en el Manuscrito Regius y en los Estatutos de Ratisbona (estos últimos
pertenecientes a la Bauhütten
germánica). Nos referimos a los Cuatro Santos Coronados, venerados también por
los Maestros Comacinos. Como señala Denys Roman: “Los Cuatro Santos Coronados fueron
elegidos patrones secundarios de la Masonería en razón de las relaciones del
número 4 con el cuadrado, de la palabra ‘santo’ con el triángulo (a causa de
Dios ‘tres veces santo’), y de la corona con el círculo”. (René Guénon y los Destinos de la Franc-Masonería, cap. I).
[3] Al final de su
ciclo de existencia (que coincide también con el final de la Edad Media, siglo
XIV), los Maestros Comacinos tuvieron también como emblema de su cofradía un
compás abierto con una rosa en su interior, dos símbolos que aluden
respectivamente al cielo (el compás) y a la recepción de sus influjos
espirituales (la rosa, análoga a la copa). Nos llama la atención esta relación
del compás y la rosa como emblemas de los Comacinos, precisamente en el momento
histórico que emergía la orden hermético-cristiana de la Rosa-Cruz, una
mutación de la Orden Templaria que, como sabemos, tan vinculada estuvo a las
organizaciones de constructores durante los más de doscientos años de su
existencia, y cuya función fue también la de establecer un puente entre Oriente
y Occidente. Al nacimiento de la Rosa-Cruz, no fue ajena tampoco la Fede Santa, organización
hermético-cristiana a la que perteneció Dante. La rosa era asimismo el emblema
escogido por otra organización derivada del Temple, por ejemplo la Massenie del Santo Grial, una especie de Masonería ascética, y en
la que está también uno de los orígenes de la Masonería que acabará de conformarse en el
siglo XVIII. Todo esto lo que evidencia es la estrecha relación que existió
entre esas organizaciones caballerescas, herméticas y artesanales que, en su
conjunto, transmitían el conocimiento de la Ciencia Sagrada en la Edad Media.
[4] Una pequeña
columna del púlpito de San Ambrosio en la catedral de Milán (construida por los
Maestros Comacinos), aparece completamente decorada con “nudos de Salomón” y
rematada por un león, representando la columna al propio Cristo.
[5] Sobre los
Maestros Comacinos ver Los Constructores
de la Catedral. La Historia de un Gran Gremio Masónico (1899), de Leader
Scott.
[6] A esa relación entre los Maestros Comacinos y la orden benedictina se
refiere la siguiente cita: “Según M.G.
Ghyka, los responsables del auge de la arquitectura religiosa entre los siglos
VIII y XI, fueron los discípulos de San Benito, quienes desde Montecassino
[Italia] y Saint-Gall [Suiza], tradujeron los textos matemáticos griegos y
alejandrinos, entre ellos la obra de Euclides y el tratado sobre arquitectura
de Vitruvio. También por esta vía serían introducidas la mística pitagórica de
los números y la geometría de los sólidos platónicos y su relación con las
razones armónicas de la escala musical". (Firmado
en la piedra por los maestros canteros medievales, de Juan Luis Puente
López).
[7] Según la leyenda, esta iglesia fue fundada en el siglo I por José de Arimatea y Nicodemo, los “discípulos secretos” de Cristo y “portadores del Grial”, cuya leyenda no es ajena tampoco a la Masonería medieval y contemporánea.











Comentarios
Publicar un comentario